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Como
comentaba en una columna anterior, es urgente reformar el modelo del fútbol, en
el mundo en general y en Chile particularmente. Y un punto clave para ello es
la necesaria evolución del concepto que existe respecto de la rivalidad entre
los clubes y los límites que ésta debe tener.
Es
muy común leer o escuchar declaraciones picantes, acusaciones o insultos
inclusive entre directivos de distintos equipos, incapaces de abstraerse de los
conflictos que pueden emanar naturalmente del campo de juego entre jugadores
y/o entrenadores (no obstante sean igual de condenables), obteniendo únicamente
efectos negativos al calentar y tensionar más el ambiente. Esa ineptitud de
separar aguas socava el núcleo mismo de la actividad, pues, absortos en sus intereses personales, ven
al otro sólo como un antagonista al cual derrotar y no como un socio esencial con
el cual competir. No entienden la preponderancia del interés colectivo por
sobre el propio.
"Los clubes deben entender que sólo pueden ser rivales dentro de la cancha, y que fuera tienen que ser los socios más fieles, honestos y cercanos"
Este
mal es fácilmente palpable y sobran ejemplos de ello: el grupo directivo de
Sergio Jadue (y otros antes también) en la ANFP que operaba como un equipo más,
buscando su propio provecho personal; los innumerables cambios al formato de
campeonato en todas las divisiones y de clasificación a torneos internacionales;
el abuso a la 2ª División Profesional, clubes que no tienen voz ni voto ni
repartos del CDF, a pesar de ser miembros de la Asociación; dirigentes que les
gusta aparecer en los medios y ganar fama; y, en general, en la falta de
planificación a largo plazo y los múltiples escándalos, volteretas y teleseries
que se han protagonizado a lo largo de los años.
En
el fútbol, en general, no existe el sentido de comunidad entre clubes, de
gremio unido con objetivos comunes. Máxime se encuentran camarillas que
defienden intereses de pocos, pero nunca preocupados de la colectividad
completa, de crecer como liga, como asociación y/o federación ni menos como
representantes del fútbol nacional. Esto trae como consecuencia que por más que
un club salga campeón o logre buenos resultados, por mucho que sea el más
popular o el más competitivo, no puede funcionar sin el resto, ya que así la
liga retrocede o no progresa a su potencial, impidiéndose de obtener
rendimientos significativamente mayores. Los clubes deben entender que sólo pueden ser rivales dentro de la cancha,
y que fuera tienen que ser los socios más fieles, honestos y cercanos; que el
respeto mutuo y el desarrollo de uno llevarán inexorablemente a un beneficio
mayor para todos del que tendrían actuando solos. La única manera de hacerlo posible es mediante políticas y acciones
comunitarias que velen por el desarrollo como colectivo y no individualmente.
Igualmente,
dejar que la rivalidad inunde los distintos ámbitos del deporte, da pie al
florecimiento de la violencia que luego se reflejará en las tribunas, lo que
tanto daño ha provocado y cuyo problema pareciera no tener solución. Para evitarlo
se requieren medidas drásticas, concretas, partiendo por enseñar con el ejemplo,
i.e. dejar de usar conceptos como “enemigos”, “guerra”, “vida o muerte”, etc. Así,
mientras más rápido lo comprendan y adapten los clubes en sus roles de
dirigentes, jugadores, entrenadores –pero además, y muy importante, como marcas–,
antes y mejor lo transmitirán a los hinchas y aficionados para que éstos a su
vez puedan adoptarlo. Los clubes tienen que cambiar la forma de comunicar, desde
las declaraciones de sus representantes, en la emisión de una noticia o
publicación y hasta siendo el propio mensaje; es decir, la forma y fondo de la
información que emiten y de cómo se transmiten como club y marca.
"...dejar que la rivalidad inunde los distintos ámbitos del deporte, da pie al florecimiento de la violencia que luego se reflejará en las tribunas..."
La
industria del fútbol tiene un potencial económico gigante, razón por la cual
las acciones de comunicación y marketing cobran cada vez mayor relevancia. Por
ejemplo, en España a pesar de que La Liga está subexplotada, de que un
sinnúmero de clubes bordean la quiebra, del famoso duopolio Madrid-Barça… un estudio[1] señaló que durante el año 2013 el fútbol generó
más de €7.600 millones contabilizando efectos directos, indirectos e
inducidos, representando un 0,75% del
PIB español; creó más de 140.000 empleos a jornada completa; pagó más de
€2.800 millones en impuestos; además, el 54% de su población considera que la
mayor contribución del fútbol profesional se produce sobre la marca España (en
2° lugar tras el turismo) y un 33% sobre la creación de hábitos saludable. Por
el lado de Alemania los efectos del
éxito del Fußball en la economía son cada vez
mayores. De acuerdo a un informe de la consultora McKinsey [2], en 2014 la Bundesliga generó beneficios por
más de €8.000 millones (55% más que en 2008). Ello dejó más de €2.300
millones en el erario alemán por impuestos y creó más de 110.000 empleos a
tiempo completo. Y por si fuera poco, el estudio demuestra que cada puesto de trabajo en el fútbol alemán
genera otros 12 en distintos sectores; que cada € invertido en el fútbol alemán
tiene una tasa de retorno de €2,6 en la industria del turismo, hotelería, etc.;
y se postula que para 2020 la Bundesliga tendrá un crecimiento del 35%.
Por
su parte, en EEUU la industria deportiva sí ha entendido que el interés
comunitario lleva al beneficio de todos. Una muestra son los miles de millones
que mueve una sola competencia como el Super Bowl[3], o
que durante el último año sólo 1 club de la NBA sufrió pérdidas (en 2015 valor
medio de cada franquicia alcanzó USD 1.250 millones)[4]. Es
que potenciar la Asociación, la competencia grupal, hará más atractivo el
espectáculo para la gente, convocará más inversionistas, habrá mayor poder
adquisitivo frente a refuerzos que les será más atractivo venir a jugar a este
lugar perdido al sur del mundo, aumentarán los ingresos… infinitas consecuencias.
Ahora bien, el reto está en aprovechar ese potencial y transformarlo en efectos
positivos. Dado el piso del que estamos partiendo pareciera que sólo cabe ser
optimistas, sin embargo ha sido demasiado el tiempo y recursos perdidos hasta
hoy.
"Hay que limitar la rivalidad a la cancha, controlarla, porque de lo contrario infecta al medio, erosiona sus instituciones, contradice sus valores, envenena el ambiente y termina por destruir los propios proyectos individuales"
Por
consiguiente, el fútbol debe operar como toda industria que se rige por los
designios del mercado que quiere crecer y mantenerse en el tiempo, desarrollar
su actividad, llevar sus productos y/o servicios a la mayor cantidad de gente
posible y arraigarse en la sociedad y su comunidad. Sin embargo, se requiere actuar
sabiendo que su mercado o clientela es especial, diferente a las demás, pues
acá se encuentran elementos distintivos fundamentales: pasión y fidelidad intransables –hay poca gente peor que quien cambia de chaqueta. Ese elemento
diferenciador es, a la vez, la ventaja y debilidad del deporte: un cliente (que
no se considera tal) muy exigente pero fiel; consumidor intenso pero
entrometido, que quiere ser parte de todas o gran parte de las decisiones.
Asimismo, en esa perspectiva la industria del fútbol debe ser consecuente en
todos sus ámbitos, desde sus células como clubes, como gremio parte de una
asociación y/o federación, hasta su representación internacional en una
confederación continental (en el caso de Chile, la CONMEBOL).
En
fin, hay que limitar la rivalidad a la cancha, controlarla, porque de lo
contrario infecta al medio, erosiona sus instituciones, contradice sus valores,
envenena el ambiente y termina por destruir los propios proyectos individuales.
El fútbol tiene que lograr que al terminar un campeonato, los clubes
simplemente se lamenten por el resultado deportivo (que lamentablemente corona
a uno solo) y que sean capaces de felicitar a ese único campeón; que después de
cada partido se pueda realizar un “tercer tiempo” entre los planteles de cada
equipo, pues fuera de la cancha dejan de ser rivales.
[1]
Estudio “Impacto socio-económico del Fútbol Profesional en España” de la
consultora KPMG, 2015.
[2]
Informe “Bundesliga, Motor de Crecimiento” de la Consultora McKinsey, Alemania,
2015. Wachstumsmotor Bundesliga Die ökonomische Bedeutung des professionellen
Fußballs in Deutschland – Ergebnisse 2015
[3] USD 5 millones aprox.
Costaron sólo 30 segundos de publicidad en el Super Bowl http://bit.ly/1QjyRoJ
[4] “Knicks, la franquicia más
valiosa de la NBA”. Marketing
Deportivo MD – 21/01/2016
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