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jueves, 18 de febrero de 2016

Reforma al modelo del fútbol: 2. Rivalidad se deja en la cancha


Imagen de Taringa: http://bit.ly/1KsHyut  
Como comentaba en una columna anterior, es urgente reformar el modelo del fútbol, en el mundo en general y en Chile particularmente. Y un punto clave para ello es la necesaria evolución del concepto que existe respecto de la rivalidad entre los clubes y los límites que ésta debe tener.

Es muy común leer o escuchar declaraciones picantes, acusaciones o insultos inclusive entre directivos de distintos equipos, incapaces de abstraerse de los conflictos que pueden emanar naturalmente del campo de juego entre jugadores y/o entrenadores (no obstante sean igual de condenables), obteniendo únicamente efectos negativos al calentar y tensionar más el ambiente. Esa ineptitud de separar aguas socava el núcleo mismo de la actividad, pues, absortos en sus intereses personales, ven al otro sólo como un antagonista al cual derrotar y no como un socio esencial con el cual competir. No entienden la preponderancia del interés colectivo por sobre el propio.

"Los clubes deben entender que sólo pueden ser rivales dentro de la cancha, y que fuera tienen que ser los socios más fieles, honestos y cercanos"

Este mal es fácilmente palpable y sobran ejemplos de ello: el grupo directivo de Sergio Jadue (y otros antes también) en la ANFP que operaba como un equipo más, buscando su propio provecho personal; los innumerables cambios al formato de campeonato en todas las divisiones y de clasificación a torneos internacionales; el abuso a la 2ª División Profesional, clubes que no tienen voz ni voto ni repartos del CDF, a pesar de ser miembros de la Asociación; dirigentes que les gusta aparecer en los medios y ganar fama; y, en general, en la falta de planificación a largo plazo y los múltiples escándalos, volteretas y teleseries que se han protagonizado a lo largo de los años.

En el fútbol, en general, no existe el sentido de comunidad entre clubes, de gremio unido con objetivos comunes. Máxime se encuentran camarillas que defienden intereses de pocos, pero nunca preocupados de la colectividad completa, de crecer como liga, como asociación y/o federación ni menos como representantes del fútbol nacional. Esto trae como consecuencia que por más que un club salga campeón o logre buenos resultados, por mucho que sea el más popular o el más competitivo, no puede funcionar sin el resto, ya que así la liga retrocede o no progresa a su potencial, impidiéndose de obtener rendimientos significativamente mayores. Los clubes deben entender que sólo pueden ser rivales dentro de la cancha, y que fuera tienen que ser los socios más fieles, honestos y cercanos; que el respeto mutuo y el desarrollo de uno llevarán inexorablemente a un beneficio mayor para todos del que tendrían actuando solos. La única manera de hacerlo posible es mediante políticas y acciones comunitarias que velen por el desarrollo como colectivo y no individualmente.

Igualmente, dejar que la rivalidad inunde los distintos ámbitos del deporte, da pie al florecimiento de la violencia que luego se reflejará en las tribunas, lo que tanto daño ha provocado y cuyo problema pareciera no tener solución. Para evitarlo se requieren medidas drásticas, concretas, partiendo por enseñar con el ejemplo, i.e. dejar de usar conceptos como “enemigos”, “guerra”, “vida o muerte”, etc. Así, mientras más rápido lo comprendan y adapten los clubes en sus roles de dirigentes, jugadores, entrenadores –pero además, y muy importante, como marcas–, antes y mejor lo transmitirán a los hinchas y aficionados para que éstos a su vez puedan adoptarlo. Los clubes tienen que cambiar la forma de comunicar, desde las declaraciones de sus representantes, en la emisión de una noticia o publicación y hasta siendo el propio mensaje; es decir, la forma y fondo de la información que emiten y de cómo se transmiten como club y marca.

"...dejar que la rivalidad inunde los distintos ámbitos del deporte, da pie al florecimiento de la violencia que luego se reflejará en las tribunas..."

La industria del fútbol tiene un potencial económico gigante, razón por la cual las acciones de comunicación y marketing cobran cada vez mayor relevancia. Por ejemplo, en España a pesar de que La Liga está subexplotada, de que un sinnúmero de clubes bordean la quiebra, del famoso duopolio Madrid-Barça… un estudio[1] señaló que durante el año 2013 el fútbol generó más de €7.600 millones contabilizando efectos directos, indirectos e inducidos, representando un 0,75% del PIB español; creó más de 140.000 empleos a jornada completa; pagó más de €2.800 millones en impuestos; además, el 54% de su población considera que la mayor contribución del fútbol profesional se produce sobre la marca España (en 2° lugar tras el turismo) y un 33% sobre la creación de hábitos saludable. Por el lado de Alemania los efectos del éxito del Fußball en la economía son cada vez mayores. De acuerdo a un informe de la consultora McKinsey [2], en 2014 la Bundesliga generó beneficios por más de €8.000 millones (55% más que en 2008). Ello dejó más de €2.300 millones en el erario alemán por impuestos y creó más de 110.000 empleos a tiempo completo. Y por si fuera poco, el estudio demuestra que cada puesto de trabajo en el fútbol alemán genera otros 12 en distintos sectores; que cada € invertido en el fútbol alemán tiene una tasa de retorno de €2,6 en la industria del turismo, hotelería, etc.; y se postula que para 2020 la Bundesliga tendrá un crecimiento del 35%.

Por su parte, en EEUU la industria deportiva sí ha entendido que el interés comunitario lleva al beneficio de todos. Una muestra son los miles de millones que mueve una sola competencia como el Super Bowl[3], o que durante el último año sólo 1 club de la NBA sufrió pérdidas (en 2015 valor medio de cada franquicia alcanzó USD 1.250 millones)[4]. Es que potenciar la Asociación, la competencia grupal, hará más atractivo el espectáculo para la gente, convocará más inversionistas, habrá mayor poder adquisitivo frente a refuerzos que les será más atractivo venir a jugar a este lugar perdido al sur del mundo, aumentarán los ingresos… infinitas consecuencias. Ahora bien, el reto está en aprovechar ese potencial y transformarlo en efectos positivos. Dado el piso del que estamos partiendo pareciera que sólo cabe ser optimistas, sin embargo ha sido demasiado el tiempo y recursos perdidos hasta hoy.

"Hay que limitar la rivalidad a la cancha, controlarla, porque de lo contrario infecta al medio, erosiona sus instituciones, contradice sus valores, envenena el ambiente y termina por destruir los propios proyectos individuales"

Por consiguiente, el fútbol debe operar como toda industria que se rige por los designios del mercado que quiere crecer y mantenerse en el tiempo, desarrollar su actividad, llevar sus productos y/o servicios a la mayor cantidad de gente posible y arraigarse en la sociedad y su comunidad. Sin embargo, se requiere actuar sabiendo que su mercado o clientela es especial, diferente a las demás, pues acá se encuentran elementos distintivos fundamentales: pasión y fidelidad intransables –hay poca gente peor que quien cambia de chaqueta. Ese elemento diferenciador es, a la vez, la ventaja y debilidad del deporte: un cliente (que no se considera tal) muy exigente pero fiel; consumidor intenso pero entrometido, que quiere ser parte de todas o gran parte de las decisiones. Asimismo, en esa perspectiva la industria del fútbol debe ser consecuente en todos sus ámbitos, desde sus células como clubes, como gremio parte de una asociación y/o federación, hasta su representación internacional en una confederación continental (en el caso de Chile, la CONMEBOL).

En fin, hay que limitar la rivalidad a la cancha, controlarla, porque de lo contrario infecta al medio, erosiona sus instituciones, contradice sus valores, envenena el ambiente y termina por destruir los propios proyectos individuales. El fútbol tiene que lograr que al terminar un campeonato, los clubes simplemente se lamenten por el resultado deportivo (que lamentablemente corona a uno solo) y que sean capaces de felicitar a ese único campeón; que después de cada partido se pueda realizar un “tercer tiempo” entre los planteles de cada equipo, pues fuera de la cancha dejan de ser rivales.



[1] Estudio “Impacto socio-económico del Fútbol Profesional en España” de la consultora KPMG, 2015.
[2] Informe “Bundesliga, Motor de Crecimiento” de la Consultora McKinsey, Alemania, 2015. Wachstumsmotor Bundesliga Die ökonomische Bedeutung des professionellen Fußballs in Deutschland – Ergebnisse 2015
[3] USD 5 millones aprox. Costaron sólo 30 segundos de publicidad en el Super Bowl http://bit.ly/1QjyRoJ
[4] “Knicks, la franquicia más valiosa de la NBA”. Marketing Deportivo MD – 21/01/2016 

lunes, 8 de febrero de 2016

Reforma modelo del fútbol (chileno): 1. Necesidad de nueva estructura

Imagen: anfp.cl
El pasado jueves 5 de febrero de 2016, la nueva dirigencia de la ANFP, encabezada por Arturo Salah, reconoció arrastrar un déficit de $9 mil millones, justo después de su año más exitoso deportivamente y en el que se tuvo mayores ingresos. Aunque resta conocer el resultado de los procesos judiciales en EEUU y ahora en Chile, el diagnóstico es unánime: Jadue (y otros) levantó con pala, como se dice en buen chileno –más allá de que el principio de presunción de inocencia debe imperar siempre, este caso raya en lo flagrante. De hecho Jadue actualmente vive en Miami mientras colabora con el FBI y la fiscalía estadounidense como culpable–. Y claro, si los gastos de la ANFP son de país en guerra, sólo los montos de los premios acordados con el plantel de la selección y los contratos con Sampaoli (laborales, premios y otros) superan toda lógica contable; ahora se cuestionan –con justa razón– hasta los contratos con proveedores.

Salah y cía. ya han tomado iniciativas de austeridad: Se ha contratado un DT más barato que el anterior, Juan Antonio Pizzi y sus colaboradores cobrarán US$ 1,5 millones anuales, y se buscará renegociar a la baja los premios acordados con el plantel de la Selección por clasificar a Rusia, cuya cifra millonaria suma US$ 17,4 millones.

Sin embargo, los problemas no se reducen a la ANFP, pues ha trascendido que varios clubes de 1ª A y B están al borde de la quiebra, entidades tan emblemáticas como Santiago Wanderers y Cobreloa. A ello sumemos que no se han podido vender los derechos por la transmisión de los goles y resúmenes de los partidos, ya que para los canales nacionales tenerlos no está resultando atractivo. También, no olvidemos los problemas de violencia en los estadios que, además de alejar al público espectador y llevar a jugar sin hinchadas visitantes, tienen a un programa de gobierno y su encargado completamente cuestionados, como es el caso de Estadio Seguro y José Roa. El barco del fútbol se hunde y le entra agua por todos lados, pero en vez de parcharlo o redirigirlo, se necesita reemplazarlo por uno nuevo, urgentemente.

En efecto, se requieren cambios profundos no sólo en la gestión y transparencia del gobierno de la ANFP y Federación, sino en todo el modelo bajo el cual se estructura el fútbol chileno, incluso legal y reglamentario. Las administraciones del fútbol (y el deporte en general) en todos sus ámbitos, local, continental y mundial, están en una crisis total de confianza, cargando visiblemente con el cartel del crimen y la corrupción. Eso se debe en gran parte a su forma de organización en entidades (comerciales o sin fines de lucro) cerradas a auditorías externas y control público; a dirigentes muy cercanos a las cúpulas de poder y a los gobiernos respectivos, con malas prácticas arraigadas y muy pocos profesionales especializados en los cargos directivos y más estratégicos, con mucho nepotismo y amiguismo.

La ley chilena establece que el deporte profesional se debe desarrollar a través de sociedades anónimas especiales, que deben cumplir una serie de requisitos para su funcionamiento (Ley 20.019). Pero, tal normativa presume características y elementos de organización, gestión y profesionalismo que no se pueden encontrar en Chile, ni siquiera en el deporte rey. De hecho establece una inocua fiscalización con la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) y el Instituto Nacional de Deportes (IND), Servicio del Ministerio del Deporte, ineficaz e inaplicable en la práctica a la primera, como ya se ha explicado en “Crisis Institucional en el Fútbol Chileno: Caos y Posibles Soluciones” [1]. Por ende, este es un punto fundamental a modificar.
            
En ese sentido, el cambio tiene que partir desde la cabeza. La ANFP tiene ser una empresa con una visión comercial que “chorree” a sus socios y la haga sostenible en el tiempo, implementada con medidas estrictas de transparencia, publicidad y fiscalización externa. Además, encargarse de ser el primer y principal fiscalizador de los clubes ¡y no al revés!, quedando las ligas o torneos profesionales bajo su tutela, creando figuras distintas entre las distintas categorías para que los intereses se focalicen y se descentralicen. En cambio, la Federación debe asumir, de una vez por todas, su papel de figura principal encargada de dirigir los hilos de todo este deporte (separada de la ANFP), desde la formación de niños en colegios, las ligas amateur ANFA[2] y privadas, la difusión y fomento del fútbol y sus valores, creación de políticas públicas, construcción y reparación de infraestructura deportiva, entre otras, pero en especial de la selección nacional en todos sus niveles. La Federación es la representante del fútbol en Chile, no la ANFP, y como tal tiene que asumir la tarea que le es propia y de la cual es la verdadera responsable ante la FIFA y, fundamentalmente, frente a todos los chilenos.

Esta separación de funciones y poderes es esencial para la protección y desarrollo del fútbol en Chile, ya que se separarán intereses y tenderá a profesionalizarse la actividad, facilitando la priorización y fortalecimiento de materias que se habían dejado de lado en la propia institucionalidad del fútbol, como también en los mismos medios y la comunidad. El fútbol, como deporte, es vehículo de salud, inclusión, bienestar y realización personal, pero hasta ahora en Chile esto no se ha reflejado, menos desde sus principales organismos los cuales están completamente al debe.

No puede ser que ante los repetitivos hechos de violencia en los estadios, en las calles, en los barrios –en el contexto del fútbol profesional y amateur–, la Federación de Fútbol de Chile no sólo carezca de una unidad especializada en este tema, sino que ha estado completamente ausente de propuestas o estudios serios sobre cómo combatirla ni menos vencerla definitivamente. Se ha alejado de sus raíces, de sus bases, de la comunidad deportiva incluso como clientes y proveedores de este particular servicio.

Por tanto, es hora de que los organismos del fútbol despierten, se laven, arreglen y empiecen a trabajar. El fútbol, sin perder su autonomía, tiene que saber unirse y pedir la ayuda de las autoridades, pues una reforma de modelo debe socializarse, adecuarse, entenderse y aceptarse por todos los sectores, todos los actores, sino será imposible avanzar correctamente.



[2] Asociación Nacional de Fútbol Amateur

viernes, 27 de noviembre de 2015

Crisis Institucional en el Fútbol Chileno: Caos y Posibles Soluciones

Por José Tomás Valenzuela | @elBolillo_

Crédito: Agencia Uno
A pesar de ser el mejor año (deportivamente) de la Federación de Fútbol de Chile, tras obtener por 1ª vez la ansiada Copa América, diversos hechos recientes han demostrado que el éxito de la selección nacional es sólo una fachada de la grave crisis interna –directiva, institucional y estructural– que sufre el fútbol chileno.

Ahora bien, el caso particular del ex presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) y la Federación de Fútbol de Chile, Sergio Jadue, es una bomba que indefectiblemente producirá graves daños a la imagen y estructura del fútbol chileno. De un día para otro, y en medio de la disputa de importantes partidos clasificatorios al próximo Mundial, el Sr. Jadue viajó (o huyó) a Estados Unidos para colaborar con el FBI y la justicia de ese país, acogiéndose a una delación compensada para rebajar una posible condena criminal. Resulta que el ex presidente sí estaba involucrado en el Fifagate (contrario a lo que había recontra jurado) y tendría varios millones de dólares en cuentas en paraísos fiscales. Pero aun tiene el descaro de renunciar, a regañadientes, sólo después de que se lo exigió el Consejo de Presidentes de los clubes miembros de la ANFP.

No obstante, y por si fuera poco, hace apenas unos meses el Ministerio de Justicia –organismo encargado de fiscalizar las corporaciones sin fines de lucro como la ANFP– le había señalado que la última reforma estatutaria sería ilegal. En ella, entre otras cosas, se fijaron remuneraciones para el presidente y demás miembros del directorio de la ANFP, lo cual contraviene los artículos 551 y siguientes del Código Civil que prohíben distribuir utilidades y establecer remuneraciones a los socios y directores. Inclusive, esta semana fiscalizadores de dicho ministerio se apersonaron en las oficinas de la ANFP solicitando documentos y registros contables, ¡pero se les prohibió el ingreso! Ante lo ocurrido –y frente a las posibles sanciones que van hasta la pérdida de la personalidad jurídica–, desde la Asociación se indicó que el impase se produjo por un “error de comunicación”, asegurando estar a completa disposición de la justicia. Otro que expuso problemas en la entrega de información fue Ramiro Mendoza, ex Contralor General de la República, nombrado auditor externo de la ANFP cuando explotó el caso Fifagate allá por junio de este año.

Para mayor inri, estas semanas son claves para determinar si la ANFP hará uso de la opción de compra del 20% que le resta para obtener la totalidad de la propiedad del CDF (Canal del Fútbol). El próximo 31 de diciembre de 2015 vence el plazo para pagar la millonaria suma estimada en USD 19 millones. Para ello se está en plena etapa de evaluación y negociación con empresas inversionistas, y como si no fueran tiempos suficientemente difíciles, Fox Sports –la adjudicataria favorita– acaba de retirar su oferta por el caos generado con la actual crisis, que tiene a una ANFP sin un directorio definido con el cual negociar. El CDF siempre ha sido un tema crítico en la ANFP; desde que el negocio reporta millonarios dividendos, la lucha por el reparto de los excedentes ha sido encarnizada. Basta recordar el caso de Harold Mayne-Nicholls en tiempos que su excelente gestión con el CDF, la recuperación del espectáculo y de la selección en la era Bielsa hacían prever una fácil reelección, pero su postura chocaba con la de los clubes “grandes”, lo que derivó en una infeliz novela que terminó con Jadue asumiendo de rebote.

Lo peor de esta historia es que nadie se ha sorprendido con el devenir de los acontecimientos actuales. Es generalizada la opinión pública de que se tienen que ir todos, de que es necesario un cambio total no solo de los directores en la Asociación, sino también en los respectivos clubes, que se reformen los estatutos abriendo la ANFP a gente externa en el directorio, en su auditoría y fiscalización, en una administración general profesional, etc. En efecto, de no concretarse la compra del CDF quedará demostrado como la desorganización, descontrol y falta de seriedad de los dirigentes hará perder una oportunidad histórica para fortalecer la economía del fútbol chileno y asegurarse la propiedad y administración de un negocio como el CDF cuya rentabilidad crece sostenidamente en el tiempo.

La ANFP (al igual que FIFA) es un ente privado, autónomo, cerrado que no se ha adecuado a la Ley 19.017 del Deporte, por tanto no es objeto de los requerimientos que dicha norma establece ni de la fiscalización que esa ley encargó en el IND[1] (hoy Ministerio del Deporte). Igualmente, en la práctica tampoco le aplica la Ley 20.019 de SADP[2], pues ésta rige a los clubes, mas no a la Asociación/Federación que las acoge, por ende la SVS no la puede controlar. Y puesto que la ANFP no es una sociedad anónima ni la rige la Ley del Deporte, escapa de los requisitos y funciones que la Ley 20.019 prescribe, al no existir un organismo que tengas atribuciones efectivas y eficientes de fiscalización sobre aquélla. Así, sólo queda el Ministerio de Justicia que recién ahora está actuando, pero que tampoco tiene las herramientas para efectuar certera y eficientemente el control necesario.

Más aún, de meterse más el Estado, FIFA raudamente pondría el grito en el cielo por la prohibida influencia estatal y amenazaría con la temida suspensión de la Federación de competencias oficiales. Y no hay gobierno que soporte la presión popular de dejar a su selección (a su país) sin Mundial. Así, depende sólo de la ANFP y sus socios aplicar las reformas necesarias.

Por su parte, la estructura jurídica en que está construida la institucionalidad del fútbol chileno es otro elemento que conduce a problemas, pues las ligas (Asociación) no están separadas de la Federación y dejan al fútbol amateur (ANFA) en un lugar más oscuro, más cerrado, con pocos recursos y aún menor fiscalización.

Consiguientemente, es vital que el cambio parta por ahí, diseñando una estructura distinta en que la Federación, como ente superior, sea el principal control interno en el esquema del fútbol, separado de la Asociación de clubes profesionales, que se encargue de las Selecciones Nacionales. Además, que se preocupe en mayor medida, con más publicidad, transparencia y recursos del desarrollo del fútbol de base, de los clubes y jugadores aficionados, fortaleciendo así este deporte en toda la comunidad y en lugares en que el fútbol profesional no llega.

Otra medida importante, sería la creación o transformación de la ANFP en una empresa, una sociedad anónima que se preocupe de hacer crecer el negocio del fútbol y el desarrollo sustentable y sostenible de sus socios –los clubes–, bajo una administración más abierta y transparente, y bajo la atenta fiscalización y control de la SVS, con balances públicos, mejor manejo de las marcas que componen el fútbol chileno, la misma ANFP, etc. Los clubes tienen que entender que son socios de un mismo negocio y que sólo se enfrentan en la cancha.

Actualmente son muchas las entidades públicas y privadas, nacionales e internacionales que luchan contra graves problemas de credibilidad por distintos casos de corrupción u otros escándalos diferentes. Por ello la opinión pública y las comunidades respectivas exigen funcionamientos éticos, control y supervisión efectivos e independientes, elecciones directivas limpias, en fin, total transparencia. Eso es lo que pide y necesita el fútbol chileno, y de tomar las medidas adecuadas los primeros y grandes beneficiados serán los propios dirigentes, y luego todo el país (y el mundo) les estará agradecidos infinitamente. Pero como todo en la vida, la mezquindad muchas veces impide ver el camino correcto y más fructífero; esperemos que éste no sea el caso.
                                             



[1] Instituto Nacional de Deportes de Chile del Ministerio del Deporte.
[2] Ley (2005) que obligó a todos los clubes de fútbol profesional a convertirse en Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales (SADP), rigiéndose por esa ley y por la fiscalización y control de la SVS y del IND.